Dilemas, restricciones y miedos es el universo de conflictos imaginarios que el joven trata de resolver en su cotidianidad. El dilema general que enfrentan los jóvenes es “definir qué es la sexualidad y actuar de acuerdo con ello”. La sexualidad es genitalidad? La sexualidad es amor.? A continuación se muestra como los jóvenes lo resuelven.Un primer dilema es entre la sexualidad y la genitalidad. Ellos identifican sexo con genitalidad y sexualidad con cualquier otra manifestación no genital de la sexualidad. A pesar de que ellos creen que existe la sexualidad no genital, afirman que los conocimientos adquiridos no los pueden aplicar porque no tienen experiencia genital. El entorno les dice que sexualidad no es genitalidad, pero el joven considera interiormente que no tiene sexualidad porque no ha vivido la genitalidad, qué hace el joven ante este dilema?Los jóvenes hablan de la sexualidad como un “todo” muy amplio para romper el reduccionismo genital. Sin embargo, esa es una definición difusa y vaga, en el fondo ninguno de ellos llegó a enunciar claramente ese “todo” incluso uno hizo una afirmación que puso en descubierto el hecho de que ese “todo” lo desconocen. Ese todo desconocido que es la sexualidad según Useche, surge a partir de: “Asociar la sexualidad con propósitos y funciones que cumplen la misión de hacer más aceptable su ejercicio y que de paso hacen ver la sexualidad aún muchísimo más compleja y prácticamente imposible de explicar adecuadamente.Entre jóvenes con y sin relaciones genitales se mantiene la controversia entre sexualidad y sexo, por ejemplo un joven considera que su sexualidad se inició en su primera relación, antes de esto era un niño. Esta afirmación espontánea coincide con el concepto de adolescencia de Dolto quien considera que: “La cresta de la adolescencia no es la pubertad, sino, la primera experiencia sexual como muerte de la infancia y su vida imaginaria.”Un segundo dilema es el planteado entre la sexualidad y el amor; en este enfrentamiento la sexualidad es la cenicienta si se la enfrenta al enamoramiento, a éste se le exalta más. La sexualidad más que complemento y parte del enamoramiento y del amor está fuertemente sujetado por éste, de tal suerte que sexualidad sin amor no debe existir o tiene menos valor.Se invoca el amor para no llegar a actos sexuales que se consideran indebidos, pero en otros casos, el amor es el pasaporte de oro a las relaciones sexuales; puede hablarse incluso de una permisividad amorosa entre hombres y mujeres vírgenes y no vírgenes. La diferencia entre ambos sexos es que para la mujer el amor va de la mano del matrimonio, mientras que para el hombre, amar dignifica la relación pero no se convierte en promesa de matrimonio.Tener relaciones por curiosidad o por interés son también razones criticadas por los jóvenes, por supuesto nadie reconoce tales conductas para sí mismo, pero siempre hay un otros, jóvenes y chicas tácitos que viven en el mundo de lo prohibido trasgrediendo todo aquello que los entrevistados consideran malo o indeseable.La relación amor – sexo es tan fuerte entre los jóvenes que no se establecen límites entre lo uno y lo otro e incluso se llega a definir la sexualidad como el amor. Debe recordarse que la juventud no sólo es la oportunidad para vivir la primera experiencia sexual, sino también, la época del primer enamoramiento real. La fusión no sólo procede del enamoramiento, también ha sido favorecida por una corriente de educación sexual tradicional y por la Iglesia, cuyos representantes consideran que el amor puede redimir los problemas actuales del sexo. Con base en ello proceden a embellecerlo, sobrevalorando funciones de la sexualidad que aunque importantes, son secundarias a la gratificación derivada de los actos sexuales, tales como la comunicación, la intimidad y la expresión de afecto.Se afirma que las mujeres sueñan con el amor, mientras los hombres sólo piensan en el placer sexual; estos hallazgos con relación a las preferencias de los géneros por amor o la sexualidad, son contrarios a lo que se ha encontrado en esta investigación; si tales diferencias se presentan, no es entre los jóvenes. Debe ser por efecto de un proceso posterior, que los hombres y las mujeres llegan a tener mayor inclinación por el amor o el sexo, pues en la juventud ambos reciben una fuerte influencia socializadora del ideal social, que señala el amor como única posibilidad de realización del ser.También el control hace parte de la sexualidad conflictiva. En Medellín, la sexualidad es objeto de múltiples mecanismos de control, algunos activados en el interior de los jóvenes y otros provistos desde afuera; la sociedad en general vigila, utiliza técnicas como el rumor, las habladurías y la promoción de prototipos para contener la sexualidad de los jóvenes. Ésta es una forma de vigilancia pasiva con alto nivel de presión y eficacia, pero además existen sujetos de vigilancia más activos: la familia, especialmente el padre, la madre y los hermanos mayores, así como el novio, a los que se les permite aconsejar, vigilar, amonestar y determinar los correctivos necesarios para que la sexualidad de los jóvenes en general, pero especialmente de las mujeres, corresponda con el ideal social. Para lograr este objetivo la sociedad tiene un tercer mecanismo: activar la conciencia del sujeto, a fin de determinar límites, restricciones y prohibiciones, que se retoman del medio, completando el círculo de vigilancia sexual.La chicas siempre están alertas para no llegar al límite mismo de la relación sexual, no pueden explicarse por qué se cohiben, pero saben que “algo interior” y propio les dice “no”, “algo que sabe muy bien lo que esta prohibido”, es decir, lo que no se debe hacer. En su pensamiento el hombre es ardiente, deseante y la mujer debe controlarlo para no perder la mesura sexual, ella depone su deseo para alcanzar el matrimonio por amor, considera que se puede llegar a un hastío sexual en la pareja que imposibilitaría un futuro matrimonio.Los jóvenes por su parte están menos convencidos de los beneficios del control, sobre ellos penden menos fuerzas sociales para hacerlo. En este caso también el control se da dentro de la relación genital, la mujer aparece como quien fija ese límite; para el joven, ser frenado, no sólo es desagradable, sino que se siente ridículo.Mantener el control le exige al joven un grado de tensión constante, que en determinadas circunstancias puede llegar a perderse. Mantener el control no sólo es difícil en algunas ocasiones; mantener el control en forma rígida es la idea subyacente de muchos trastornos psíquicos como los comportamientos paranoides y obsesivo-compulsivos; así como en disfunciones sexuales como la impotencia y la frigidez, mantener el control es un mensaje social generalizado y constante que crea una “sociogenia, es decir se socializa las bases para una patología.Además del control interno, los jóvenes son objeto de múltiples sujetos de control y vigilancia, especialmente de la familia; la sexualidad de las mujeres -jóvenes, hermanas o madres- es vigilada y controlada por el hombre de mayor status familiar, el padre y en su ausencia un sustituto idóneo.
La madre controla a la hija, promoviendo su conciencia interior y dándole libertad para que demuestre su buen comportamiento -convenio de libertad condicional- el padre en cambio, es prevenido y receloso, utiliza mecanismos más directos como la restricción de salidas, confía más en lo que ven sus ojos, que en la capacidad de la joven para cuidarse a sí misma. Tanto la madre como el novio consideran que deben darle libertad a la chica para no obtener el efecto contrario, la libertad no se otorga como un derecho, sino que se convierte en un soterrado mecanismo de control.La pareja es un espacio de vigilancia predilecto, las chicas interpretan el control de su novio como una manera de demostrar interés y se sienten halagadas por ello. La vigilancia se convierte en un hábito en la pareja. Pero qué tan efectivo es el control?: “A este respecto lo único que resulta “funcional” y “eficiente”es el auto-control, es el control “internalizado” el control “introyectado”… y al auto-control no se llega, con seguridad, a través de programas manipulativos, frontal o sutilmente coercitivos”.14 Adicionalmente se identifica otra particularidad del control en los jóvenes: el control está arraigado profundamente, se acepta y se reproduce, hace parte de la representación de la sexualidad, los jóvenes no sólo son objeto de control, sino sujetos controladores; se inscriben dentro de la lógica de la doble moral y se convierten en controladores de la sexualidad de otros como hermanas, novios(as).Existe entre ellos y frente a la relaciones sexuales, una sensación de peligro difusa, que les hace estar atentos y temerosos, hablan de “miedo a que pase algo”, que enunciado de tal forma, corresponde a una entidad patológica denominada ansiedad difusa y flotante; sentir miedo a que pase algo, también es otra forma de trastorno psicosexual, en el que la sociedad desempeña un papel propiciador.Jóvenes de ambos sexos comparten los mismos temores, posiblemente las diferencias de género les dan distintos matices; en estos temores no existen diferencias palpables en cuanto al contenido, entre los que no tienen experiencia genital y los que sí la tienen, para los primeros todas son situaciones imaginarias y actúan como un freno para vivirla; para los segundos son hechos cotidianos que conllevan un riesgo permanente.En general le temen a las relaciones sexuales y sus peligros, al fracaso, al embarazo, a no ser amados, no estar con la persona que a uno le conviene, a la inestabilidad de la relación, a una enfermedad incurable, miedo al engaño, a la amargura, miedo a no estar preparado, a no ser deseado, a la frustración.Para muchas chicas asumir riesgos es una forma de exorcizar lo miedos. “Asumir conductas de riesgo es una exigencia que la sociedad hace a los adolescentes, quienes se ven obligados a conseguir ese derecho de paso de la infancia a la vida adulta, asumir riesgos para ganar derechos.”
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